Eres de la existencia
un precioso tesoro,
que se tiene en la tierra
que se debe cuidar.
Tienes un especial
compendio exclusivo,
de extensos
inimaginables jardines.
Eres de la emoción
siempre un exquisito
un paisaje distinto.
Tienes una espesa
viscosa sustancia
vertida a lo interno,
intenso color
mismo del universo.
Eres de la brillante
cálida luz del día
Sol de mediodía,
un azul, intenso,
un cielo de nuevo día.
Poemas de viajes por el universo. Derechos Reservados. © C.L. 2010-2025
domingo, 24 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
Del poeta francés Henri De Régnier (1864-1936), representante del "Simbolismo" de finales del SXIX europeo, aquí dejo este hermoso poema:
La Clara Luna.
Acaba el día ahora con esta clara luna
que, nostálgicamente, sube por la alameda,
mientras en el espacio que ella perfuma queda
el aroma del agua dormida en la laguna.
¿Sabíamos, acaso, cuando ante el sol de ocaso
pasábamos la tierra roja y luego el rastrojo,
sabíamos acaso cuando el suelo, rojo
como sangre, quedaba maracado nuestro paso,
sabíamos acaso cuando el amor ardía
sin esperanza en cada corazón desolado,
sabíamos acaso que su fuego apagado
ya en la noche una dulce ceniza dejaría,
y que este áspero día en cuyo espacio queda
el aroma del agua dormida en la laguna
terminaría ahora con esta clara luna
que, nostalgicamante, sube por la alameda?
Tomado de: Holguín, Andrés., (1954). Poesía Francesa. Antología. Madrid. Ediciones Guarrama. 1era Edición.
La Clara Luna.
Acaba el día ahora con esta clara luna
que, nostálgicamente, sube por la alameda,
mientras en el espacio que ella perfuma queda
el aroma del agua dormida en la laguna.
¿Sabíamos, acaso, cuando ante el sol de ocaso
pasábamos la tierra roja y luego el rastrojo,
sabíamos acaso cuando el suelo, rojo
como sangre, quedaba maracado nuestro paso,
sabíamos acaso cuando el amor ardía
sin esperanza en cada corazón desolado,
sabíamos acaso que su fuego apagado
ya en la noche una dulce ceniza dejaría,
y que este áspero día en cuyo espacio queda
el aroma del agua dormida en la laguna
terminaría ahora con esta clara luna
que, nostalgicamante, sube por la alameda?
Tomado de: Holguín, Andrés., (1954). Poesía Francesa. Antología. Madrid. Ediciones Guarrama. 1era Edición.
sábado, 25 de junio de 2011
Este poema, del francés Paul Valéry (1871-1945), lo encontré en un maravilloso texto que lleva por título "Poesía Francesa. Antología" de Andrés Holguín. Fue este encuentro uno de esos maravillosos accidentes literarios que pocas veces se tienen en la vida.
Los pasos.
"Dulce creación de mi silencio,
tus lentos pasos musicales
hacia la sombra de mi espera
avanzan, mudos y glaciales.
Visión pura, sombra divina,
¡cuán dulcemente llegarás!
Todos los dones que adivino
en tus pies desnudos vendrán.
Si ya tus labios incitantes
preparan, por calmar su deseo,
al habitante de mi mente
el suave manjar de tus besos,
no apresures el tierno instante,
ser o no ser de lo soñado,
¡que yo he vivido de la espera
y mi corazón de tus pasos!"
Tomado de: Holguín, Andrés., (1954). Poesía Francesa. Antología. Madrid. Ediciones Guarrama. 1era Edición.
Los pasos.
"Dulce creación de mi silencio,
tus lentos pasos musicales
hacia la sombra de mi espera
avanzan, mudos y glaciales.
Visión pura, sombra divina,
¡cuán dulcemente llegarás!
Todos los dones que adivino
en tus pies desnudos vendrán.
Si ya tus labios incitantes
preparan, por calmar su deseo,
al habitante de mi mente
el suave manjar de tus besos,
no apresures el tierno instante,
ser o no ser de lo soñado,
¡que yo he vivido de la espera
y mi corazón de tus pasos!"
Tomado de: Holguín, Andrés., (1954). Poesía Francesa. Antología. Madrid. Ediciones Guarrama. 1era Edición.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)