Me muevo con el peso del tiempo
lento y perezoso,
olvidarte bajo el paso de los años
y borrar lo que una vez fui,
eso que ayer quisimos.
En mi disgusto por el olvido ahí persistes
suave y contundente,
deseosos de tocar las notas de un cálido vino
de esos que probamos,
de aquellos que bebimos.
Me dejo seducir por el egoísmo del recuerdo
y dejaré al tiempo que todo lo guarde,
para así robarle al aliento
el último beso que nos mantiene vivos.
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