Serás el cauce que encierra
un río que nos encontrará,
ahogo ahí los deseos y las horas
una caricia tuya me bastará.
Pudiste alcanzar mi cauce saliente
y borrarnos los días de cuarentena
¡duelen las manos si no apareces ya!
Las tardes quieren tu eterno cauce,
idílicas emociones nos devorarán.
Una distancia oscura te sorprenderá
cuando los deseos naveguen y sequen
la aurora que al viento nos morderá.
Y yo que te siento cerquita y lejos
no paro de acariciar y de extrañar
ese cauce tuyo y tan turbio
que es mío y de nadie más.