Despertar ante mí y ante los sueños
no es dejar de ser un niño, nunca.
Es ser el mismo y no el siempre
fuera de las entrañas del mar.
Me aferro al pasado porque temo al porvenir.
Sumo los días que te han visto morir
y visito las plegarias con tus manos atrás.
Veo olvidar mis sentimientos en dos.
Sueño con el tiempo que fuimos,
cuando las marejadas del viento
posaban nuestras manos sobre olivos.
Tengo el encargo de verte vivir.
Es que siempre acudo a ti
y en el apresurado momento de partir
encuentro el brillo del cielo.
Aún así, temo volver y nunca volar y salir.
Despertar ante tus ojos y ante los sueños
no es dejar de ser un adulto y olvidar.
Es ser solitario y aprender a mirar
que en el pasado, tus huellas
conmigo siempre estarán.