Crujen secas en el suelo las hojas.
Eras la bondad de mi sabueso silencio,
aromática caricia del ayer.
Anuncian un tiempo frío, las palomas,
no me dejan en paz sus susurros,
son mis pasos que quieren perderme
y yo sé cómo exigirles olvido.
Al suelo van las hojas, secas
y no sé qué hacer con ellas
ni con los escombros de ayer.
Quiero saber dónde guardarlos
y recordar cómo era la llave
antes de morirme entre las hojas.
Mi encierro lleno de olvidos
no puede cederles ni a ti ni al cielo
mi fría, mi sabia y solitaria crisálida.
Eras el miedo al invierno
y el ruido entre mis hojas.
Soy quien siempre te recuerda:
soñandor, viejo y despierto.