lunes, 20 de diciembre de 2010

Destino.

a A.

Precioso destino
llévame en tu cresta
a los confines precisos
de este
el mundo finito.

Enséñame
que el mundo
no tiene meridianos,
que no tiene fronteras
y que no hacen falta
ni picaportes
ni pasaportes.

Dedícame
una parte de tu tiempo
a conocer
a vivir
la tierra de los Zares.

Déjame
observar
a través
de los ojos de Argos
sin mezquindad
dónde se pueda respirar.

Muéstrame
que la tierra
no esta tan poblada,
que no es tan redonda
y que todavía tiene
espacios verdes
por donde vivir.

Cuéntame
extraño destino
por qué y para quién
hemos de trabajar;
si perecen de hambre
no uno, sino cien millones
de los habitantes del mundo.

Dibújame
cómo fue
cuándo fue
que este loco mundo
sin rumbo se quedó.

Implícame
presto destino
en todos y cada uno:
de los ciclos
de los tiempos
que de vida llenan
toda la humanidad.

Explícame
cresta viajera,
con esta vida
de encantos y desencantos,
si es el tiempo
ahora,
si no es un capricho
mañana,
y si es a ella
a quien yo siempre,
precioso destino
pueda amar.

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